lunes, 2 de julio de 2007

La esquizofrénica sociedad que padecemos




La siguiente carta fue enviada a la ministra del Interior. En ella se refleja el grado de disociación a la que ha llegado la sociedad uruguaya, o al menos la montevideana. Es evidente que cada vez más hay dos Montevideos, en apariencia irreconciliables. También está claro que no alcanzan los planes de emergencia ni el asistencialismo. Urge más audacia, pensar menos en los votos y los réditos políticos, y meterle diente al mayor problema que tiene el país: el de la marginación social. Antes de que sea tarde y la mayor parte de la ciudad esté formada y ocupada por marginales, porque en los cantegriles está la mayor fuerza reproductiva de Uruguay, como lo dicen las estadísticas de natalidad.
Hasta la próxima.
Montevideo, 1º de julio de 2007
Sra. ministra del Interior,
maestra Daysy Tourné
De mi consideración:
Le escribo como recluso de una de las mayores cárceles del país: la comprendida ente las calles Comercio, avenida Italia, Minnesota, Larravide y Azara. Este establecimiento penitenciario no sufre, por suerte, el hacinamiento que existe en Libertad, Santiago Vázquez y la cárcel de Maldonado, pero tiene otros graves problemas que demandan su urgente intervención.
Si usted recorre esta penitenciaría comprobará que en los últimos años se ha convertido en una mina de oro para los herreros y carpinteros, que no paran en la colocación y reparación de rejas, puertas y ventanas.
Estamos peor que los presos de otras cárceles, porque no podemos dejar nuestras celdas solas ni por 10 minutos sin riesgo de que nos roben (hasta la ropa colgada en los patios), mientras que ellos tienen salidas transitorias en las que pueden ir al cine, visitar familiares y amigos y hasta reincidir en delitos, si se les ocurre. Ellos pueden recibir visitas, pero nosotros no: familiares y amigos, después que los asaltaron o les robaron los autos, han desistido de venir a nuestro centro de reclusión.
A nuestra celda, a pesar de que tiene alarma, ya han realizado como 15 rápidas incursiones llevándose, después de realizar destrozos para entrar, todo lo que pudieron antes de que llegase la empresa de seguridad que, por cierto, es muy eficaz y en pocos minutos está en nuestro lugar de reclusión. Nuestra celda está retirada de la vereda y a su frente tenemos un jardín con cerca. ¿Puede creer, señora ministra, que en la madrugada del viernes 29 nos robaron, mientras dormíamos, el portón de entrada al jardín de 1,70 m de altura y más de 1 m de ancho? Tres o cuatro meses atrás, además, fuimos víctimas de un copamiento realizado por un tipo armado con un cuchillo. Tras ponerlo cerca de mi cuello, se conformó con llevarse una radio, como consta en la denuncia realizada en la Seccional 15.
Entre el jueves y hoy fueron destrozadas las rejas de la carnicería de Comercio y Gauna y de la farmacia de Comercio y Miguel Ángel, y un portón parecido al nuestro fue robado en Minnesota casi Rodríguez Castelao. Y estos son los hechos de los que me he enterado, porque seguramente hubo más delitos.
Como le decía antes, en esta cárcel no podemos tener salidas transitorias. Si con gran audacia las usamos, los riesgos de recorrer las calles de la penitenciaría son impresionantes. A mi esposa ya la asaltaron tres veces. No hay semana en la que no se conozcan rapiñas, casi todas ellas a mujeres. Las dos últimas a señoras de más de 80 años, una de las cuales fue arrastrada por el piso y quedó seriamente lastimada, según me comentaron algunos compañeros de prisión.
Cada vez que se comete un delito, los autores se refugian en el asentamiento de Isla de Gaspar y Larravide. Allí la Policía no entra. En los 15 años que llevo cumpliendo esta condena, nunca vi un procedimiento policial en ese lugar, a pesar de las denuncias y los testimonios respecto al sitio en el que los delincuentes se pusieron a buen resguardo. Un policía me dijo que allí era imposible entrar. Entonces, señora ministra, debo concluir en que la delincuencia tiene “zonas liberadas” a las que el poder del Estado no llega. Sé, como sin duda usted también lo sabe, que las zonas liberadas son frecuentes en la historia de los movimientos insurgentes. Pero nunca había imaginado que rapiñeros, ladrones y narcotraficantes lograran ese objetivo estratégico en Uruguay.
No quiero aburrirla, señora ministra, con lo que se han desvalorizado nuestras celdas a raíz de esta situación. Sólo le cuento que varias inmobiliarias que consulté me informaron que por aquí las cotizaciones son cuatro o cinco veces más bajas que en otras zonas de Montevideo.
Sin otro particular, y con la esperanza de que usted, como principal jerarca del sistema penitenciario, pueda empezar a resolver nuestros problemas, la saludo muy atentamente

Carlos López Matteo
Recluso Nº 1.280.081-8

2 comentarios:

Daniela Couto dijo...

Después no nos dejes con la intriga de la respuesta, si es que la hay.
Como siempre, no puedo estar más de acuerdo. Saludos.

Carlos López Matteo dijo...

Por supuesto, si la hay la reproduciré textualmente. Y si se nota un cambio en este esquizofrénico barrio lo haré constar.