sábado, 7 de julio de 2007

Estimada Daisy

Los chorros me agarraron de hijo, pero el problema no es solo mío. El barrio está punto de estallar y mucha gente piensa en electrificar, con carga mortal, rejas y vallas. Otros hablan de revólveres, pistolas y escopetas. Por eso, le envié esta segunda carta a la ministra del Interior.
Hasta la próxima.
Montevideo, 7 de julio de 2007

Sra. ministra del Interior,
maestra Daisy Tourné
Estimada amiga:

Permíteme un trato más confianzudo que en la carta anterior, pero lo justifica que nuestro epistolario, por ahora unilateral, parece que será cada vez más intenso.
Te cuento que los chorros que pululan por esta gran cárcel que es el límite entre la Unión y el Buceo no te dieron tiempo ni para acusar recibo de mi primera misiva: ahora me robaron el otro portón, el del garaje. No me explico que atractivo tienen mis portones, viejos y necesitados de una mano de pintura, para los ladrones nocturnos. Quizá representen una o dos dosis de pasta base en las ferias de Larravide o Piedras Blancas.
También te cuento que en las últimas semanas la situación se ha tornado desesperante. Algunos vecinos hablan, directamente, de armarse, vigilar y “meterles chumbos” a los delincuentes. Otros dicen que si la cosa sigue así, por las noches conectarán cables de 220 voltios a las rejas y a las cercas. Trato de disuadirlos, porque esas respuestas no me parecen las adecuadas, pero ellas ganan terreno y sus consecuencias, si se aplican, pueden ser muy graves.
A mi esposa y a mí nos seduce la solución de un vecino que vive justo frente a casa: ha rodeado la suya con un grueso muro de alrededor de tres metros de altura, coronado con vidrios puntiagudos. Esa familia, que ahora me recuerda a los ex berlineses orientales, a los palestinos y a los mexicanos, perderá vista y sol, pero ganará en seguridad.
Para nosotros, con jubilaciones topeadas por el estafador sistema de seguridad social uruguayo, rodear la casa con un muro similar se nos hace cuesta arriba. Pero podríamos comprar los materiales y pagar los jornales si nos apretamos (más que ahora) el cinturón durante unos cuantos meses. El problema es que, con toda seguridad, aparecerá el señor Murro con la exigencia de que cumplamos con el absurdo sistema previsional que rige en la industria de la construcción. Entonces, nos será imposible levantar el muro.
En este sentido, voy a abusar de nuestra incipiente amistad para que hagas de mensajera del siguiente pedido, dirigido al mismo Murro, la DGI y las intendencias: que no se graven los materiales, jornales y permisos para obras destinadas a aumentar la seguridad de los vecinos. Si el Estado no puede protegernos, a pesar de los impuestos que pagamos, me parece justo que se nos otorgue facilidades para hacer las obras que nos brindarán una cierta tranquilidad.
Estimada Daisy: espero no haberte aburrido con mis planteos. Ellos se justifican por la explosiva situación de este barrio, convertido en una gran cárcel, como te explicaba en la carta anterior, y que está a punto de estallar por la conducta delictiva de algunos habitantes del cantegril de Larravide e Isla de Gaspar.
Un beso y gracias por lo que puedas hacer

Carlos López Matteo
C.I.1.280.081-8

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