viernes, 23 de marzo de 2007

¿Rubio-Tourné o Tourné-Rubio?

¿Tabaré Vázquez dejó de ser un amable componedor de las diferencias entre los sectores del Frente Amplio? ¿Decidió, por fin, liderar la acción del gobierno? Hablando en criollo ¿se puso los pantalones? ¿La recorrida por cuarteles, como hacía Pacheco Areco, tendrá algo que ver con ese supuesto nuevo papel que parece empezar a ejecutar? Me gustaría que las primeras preguntas tuviesen una respuesta positiva, y negativa la última.
Sea como fuese, la designación de Enrique Rubio, uno de los pesos pesados de la bancada frenteamplista, como diector de Planeamiento y Presupuesto es un mensaje fuerte cuyo significado ha disparado muchas especulaciones e interpretaciones. Vamos por puntos.
1) Vázquez busca un contrapeso a la figura de Astori. No me seduce esta visión, puesto que, tras las visitas de Lula y Bush, el presidente parece acercarse definitivamente a la línea del ministro de Economía y Finanzas.
2) Precisamente, porque se reforzó su afinidad con Astori, Vázquez quiere atraer a su círculo de colaboradores más cercanos a alguien, con peso en la interna frenteamplista, que últimamente se había mostrado crítico con el gobierno. Si lo tengo al lado -puede pensar el mandatario- será más fácil controlarlo, hacerle ver las dificultades que afronta el gobierno y hacerlo cambiar de actitud.
3) Vázquez quiere darle un tono más político a Planeamiento y Presupuesto porque la aplicación de las reformas del Estado y de la salud demandará una mano firme, pero también un talante articulador como el de Rubio, para hacer frente a los corporativismos que se opondrán a los cambios. Esta interpretación sí me seduce, porque el presidente tiene que saber que serán esos corporativismos, más que las divisiones en el Frente Amplio, los principales enemigos de las reformas. Y si no logra imponerlas, también lo sabe, pasará a la historia como el primer presidente izquierdista del país, pero como un fracasado. Las declaraciones de Rubio, prometiendo una activa comunicación con la opinión pública, son significativas respecto a la estrategia elegida para neutralizar a los enemigos de las reformas.
4) También se me ocurre otra posibilidad, que no es incompatible con la anterior, sino complementaria. Tabaré, en los últimos días, ha emitido signos de que no aceptará la reelección. El Frente, entonces, puede quedar sumido en una polarización, que la prensa ha visto como una lucha por la candidatura a la Presidencia entre Astori y Mujica. Es cierto que ambos ministros, en la actualidad, se necesitan mutuamente para sostener el gobierno y limar los problemas internos. Pero, en tiempos electorales, esa dupla puede romperse.
Quizás Vázquez esté buscando una alternativa. Le da a Rubio la posibilidad de lucirse y de demostrar su ejecutividad; de mostrarse como un líder ante los embates del corporativismo, que sin duda vendrán. Algo parecido se me ocurrió con el nombramiento de Tourné en Interior. Que Tabaré estaba procurando proyectar su figura más allá del Parlamento.
Entonces, contra la polarización Astori-Mujica, el presidente busca figuras de peso que la eviten. Que nadie se extrañe, si los nuevos funcionarios tienen un desempeño exitoso, una fórmula Rubio-Tourné o Tourné-Rubio.
Hasta la próxima.

martes, 13 de marzo de 2007

Por una nueva Tercera Posición

El sábado 10, como lo hago casi todos los sábados, sintonicé Tímpano, el programa de Daniel Viglietti por El Espectador. Lo dedicó a repudiar la vista de Bush a través de varias canciones de autores latinoamericanos, estadounidenses contestatarios y con alguna propia. Con todas esas letras me sentí plenamente identificado, porque ellas reflejaban verazmente los males y sufrimientos que el imperialismo yanqui ha desparramado, y desparrama, por nuestro continente y el mundo.
Horas después habló José Mujica y también compartí lo que dijo. Palabra más, palabra menos, expresó que como gobernante debía dejar de lado sus sentimientos porque recordaba que cada fin de mes los uruguayos teníamos que pagar nuestras cuentas y que cada día debíamos comer. Por eso, se olvidaba de sus sentimientos y procuraba vender a Estados Unidos todo lo que se le pudiera vender.
Max Weber se habría hecho un festín con la situación del gobierno uruguayo, al verlo aplicar su famosa distinción entre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad. Con acierto, Tabaré Vázquez optó por la ética de la responsabilidad, aunque Bush y el imperialismo no sean santos de su devoción.
Pasaron las horas, y entonces escuché a Chávez en Buenos Aires y al otro día en Nicaragua. Es obvio que coincido, en lo esencial, con su discurso antiimperialista. Pero no quiero el modelo de Chávez para Uruguay, ni para América Latina. No quiero presidentes vitalicios, autoritarios, violadores de los derechos humanos, demagogos y que, en gran medida, basan su poder en los altos precios del petróleo y en masas vociferantes, irracionales y manipuladas, por más que esas masas representen las más que seculares humillaciones, frustraciones, miserias y desesperanzas que padecen las grandes mayorías de este continente. Porque el camino de Chávez ya fue varias veces recorrido, aunque quizás con menos ruido, en la historia latinoamericana y siempre terminó en nuevas frustraciones y/o dictaduras.
No entiendo, después de lo que pasó y de lo que se sufrió en este país, cómo puede haber izquierdistas enamorados del modelo de Chávez. El autoritarismo nunca puede ser de izquierda. Por eso, nunca consideré como regímenes de izquierda a los de la Unión Soviética y de China Popular. Ni al de Cuba, desde que se convirtió en un sistema de partido único.
Como lo pensaba el 8 de febrero, cuando en esta página escribí el artículo titulado Una polarización indeseable, no creo que Chávez sea el espejo para mirarse en busca de una salida independiente y justa. Y tampoco, por supuesto, Estados Unidos.
Cuando el mundo era bipolar -Estados Unidos y la Unión Soviética-, en Uruguay tenía mucha fuerza en la izquierda la llamada Tercera Posición. Anarquistas e izquierdistas independientes eran sus abanderados. Los socialistas oscilaban entre el tercerismo y el prosovietismo. La Tercera Posición no era prescindente y no se limitaba a rechazar dos modelos indeseables, sino que hacía un intenso esfuerzo de reflexión en pos de un tercer camino: de ahí su nombre. El autoritarismo uruguayo, iniciado durante el gobierno de Pacheco Areco, fue uno de los impulsores, sin quererlo, de la unidad de la izquierda y de la creación del Frente Amplio. Muchos dijeron: la Unión Soviética está muy lejos, pero el imperialismo yanqui está aquí nomás, y casi toda la izquierda aceptó una coalición en la que participase el Partido Comunista, fiel ejecutor, entonces, de la política inspirada por Moscú. La Tercera Posición desapareció.
¿No será la hora de resucitarla, ahora referida al imperialismo yanqui y a Chávez? Con ese nombre, u otro que no levante previsibles resistencias, quizá sea la hora de comenzar una reflexión seria en torno a qué queremos ser (los uruguayos y los latinoamericanos) y cómo llegar al objetivo sin quedar apresados en esa polarización cada vez más indeseable.
Hasta la próxima.

lunes, 5 de marzo de 2007

¡Maravilloso!

Lunes 5, hora 0.20. Termina un fin de semana pasado por agua. Voy a la página web de la Dirección Nacional de Meteorología para saber cuánto ha llovido en las difrentes zonas del país. Como tipo del interior, siempre busco estos datos. En estos tiempos estamos de cosecha de los cultivos de verano y en plena vendimia. Además, me inquieta la situación de las represas y siempre quiero conocer cómo ha llovido en la cuenca del río Negro y de Salto Grande para arriba, hasta las nacientes del Uruguay.
Mojaditos como estamos y hartos de tanta agua, al menos en Montevideo, que nadie se moleste en ir a www.meteorología.com.uy, porque el boletín pluviométrico, al menos hoy y a esta hora, sólo dice: "No se tiene información de la Oficina de Pluviometría". Como si dicha dependencia no perteneciese a la Dirección Nacional de Meteorología, y la falta de información fuese culpa de otro organismo.
La gente del campo, los viajeros y a quien le interese el punto, por las razones que sean, que se embromen. Aunque para ellos ese sea un dato importante. ¡Es maravilloso!
Hasta la próxima.

martes, 27 de febrero de 2007

El secreto como instrumento de gobierno


El sábado 24, en el suplemento Qué Pasa del diario El País, Gabriel Sosa presenta una muy interesante nota sobre las consecuencias de una lamentable y disparatada obra de la dictadura: el intento de desecar los bañados de Rocha a través del canal Andreoni que desemboca en la playa de La Coronilla. Ésta era una de las mejores playas oceánicas uruguayas, con un gran futuro tal como lo previeron quienes invirtieron en la zona y levantaron un importante complejo hotelero. Pero no contaron con los inefables dictadores uruguayos, que con su obra destruyeron la playa y condenaron a la pobreza a los habitantes del pequeño pueblo que de ella vivía.

Hay proyectos, que no terminan de cuajar, para volver las cosas a su lugar y recuperar a La Coronilla. El periodista quiso informar al respecto, y en nota aparte explica la odisea que debió sufrir por oficinas del Ministerio de Transporte y Obras Públicas y de su Dirección de Hidrografía. En síntesis, tras tenerlo como perro en cancha de bochas, mandándolo de una oficina a otra, las autoridades terminaron negándole la información. Sosa, entonces, armó el artículo central con testimonios de vecinos, documentos y el recuerdo de una historia más o menos conocida.

Es bastante común, lamentablemente, que a los periodistas (o a cualquier persona interesada en un tema) las autoridades le nieguen la información. Esto no es de ahora, sino que viene de bastante atrás. El secreto es la norma en los asuntos más simples y menos sensibles que uno pueda imaginar. Con él, la autoridad ejerce su poder y lo demuestra. Y con el secreto se crea una minúscula casta de "iniciados", de tipos que "están en la pomada", por un lado, mientras que detrás del mostrador está la masa a la que hay que mantener en la ignorancia para que no moleste.

¿Dónde están las tan mentadas transparencia y democracia participativa? No están, simplemente no están. En las dos legislaturas anteriores, el ex diputado Daniel Díaz Maynard presentó un proyecto de habeas data, o sea la acción dirigida a garantizar el principio de publicidad, que autoriza a cualquier persona a solicitar información y obliga a la autoridad a proporcionarla. El ex legislador frenteamplista no tuvo suerte, pero en cambio se sancionó la ley 17.838, del 24 de setiembre de 2004, que estableció el habeas data para los informes comerciales. En resumen, sólo se permite al ciudadano requerir la información económica y financiera que se refiere a sí mismo, pero no se garantiza el acceso a la información relativa al Estado y a las empresas que contratan con él o son beneficiarias de concesiones, ni a los planes y documentos que existan con referencia a cualquier problema de interés público.

En una democracia madura y sólida, en la que hay conciencia que los gobernantes y los funcionarios son los empleados de todos nosotros, los únicos secretos admisibles son los relativos a la defensa nacional y las relaciones exteriores, pero únicamente a los efectos de no exponer al país ante un eventual enemigo y de no entorpecer negociaciones que estén en curso. Cuando esto no ocurra, ni esos temas deberían ser secretos.

Que esto no se entienda, o no se quiera entender, es la causa de la tormentosa relación entre los periodistas y el poder, sea éste del pelo que sea.

Cuando triunfó el Frente Amplio pensé que el proyecto de Díaz Maynard sería reflotado, pero hasta ahora no ha pasado nada. ¿No será que el habeas data sirve cuando se es oposición, pero no cuando se es gobierno? Si se piensa que el Ministerio de Transporte y Obras Públicas se niega a informar sobre sus proyectos para recuperar una playa, como si se tratase de un tema militar en el que le va la vida al país, la respuesta a esa pregunta es obvia.

Hasta la próxima.

lunes, 26 de febrero de 2007

Una simple sugerencia


Faltan tres días para el 1º de marzo, fecha en la que se cumplirán dos años de la asunción del primer gobierno de izquierda. El tiempo que transcurra hasta diciembre será clave para concretar las reformas cuyos anuncios fueron, en buena medida, la causa del triunfo electoral del Frente Amplio: del Estado, de la salud y de la educación, entre otras.

Es más que notorio que el accionar del gobierno está trabado en estos y otros temas fundamentales por las discrepancias existentes en la coalición de izquierda. Las actividades del Poder Ejecutivo y del Parlamento corren el riesgo de paralizarse si persiste esta situación que, ya lo advirtió el senador Enrique Rubio, de la Vertiente Artiguista, hace peligrar un nuevo triunfo del Frente Amplio en 2009.

En otros países, cuando se celebran fechas significativas en la gestión de un gobierno, o cuando hay diferencias entre los ministros, los miembros del gabinete, colectivamente, suelen poner sus cargos a disposición del presidente para que éste se sienta con total libertad y pueda hacer los cambios que estime convenientes. En Uruguay se dan las dos circunstancias al mismo tiempo.

Seguramente todos los secretarios de Estado quieren lo mejor para el país y su gobierno, y son conscientes de que así no se puede seguir. Entonces, es pertinente pedirles que, colectivamente o cada uno individualmente, pongan su cargo a disposición del presidente. Es una simple sugerencia de un simple ciudadano muy preocupado por la marcha del país.

Hasta la próxima.

miércoles, 21 de febrero de 2007

Municipalizar a Uruguay


El diputado forista Germán Cardoso propuso crear una alcaldía y la figura de un alcalde para gobernar Punta del Este, con el argumento de que la burocracia comunal impide tomar rápidamente las decisiones que necesita el balneario. Es obvio que se trata de un burdo intento, que no prosperará, de quitarle a la Intendencia frenteamplista su principal fuente de recursos.

Pero el asunto que pone Cardoso sobre la mesa no deja de ser interesante referido a todo el país. El uruguayo debe de ser uno de los pocos estados que sólo tiene dos niveles gubernamentales. En todos los países que han superado la organización tribal hay por los menos tres: el nacional, el departamental, provincial o estatal (se usa incorrectamente el portuguesismo estadual) y el municipal. En algunos como España, Francia, Italia y Gran Bretaña hasta hay otro nivel, el regional, entre el nacional y el provincial.

En nuestro país sólo existen el primero y otro que es un híbrido entre gobierno departamental y municipio. Nada más lejos de la esencia de un gobierno municipal, o sea el que está muy próximo a la gente y administra y resuelve los problemas más cercanos, como transporte, iluminación, saneamiento, reparación de calles y recolección de residuos, que nuestro sistema. ¿Por qué estos temas en Paso de los Toros, por ejemplo, dependen de una autoridad que está a 100 kilómetros, en la capital departamental? Y no hablemos de Canelones o Colonia, departamentos donde numerosas ciudades y pueblos dependen de sus respectivas capitales.
En todo el mundo el municipio lo conforma un núcleo poblado con alrededor de un mínimo de 1.000 habitantes y el ámbito rural de su influencia. Esto, en Uruguay no existe. Las juntas locales no sólo son elegidas por el intendente, en su gran mayoría, sino que además el poder que tienen es muy escaso y para casi todo dependen de las intendencias. No son ni siquiera el embrión de un municipio. El ejemplo español ilustra acabadamente este tema de los niveles: España tiene alrededor de 50 provincias (el equivalente a nuestros departamentos) y más de 8.000 municipios.

Si algún día se hiciese una reforma constitucional en serio, y no sólo para resolver problemas electorales (ver artículo del 13 de este mes), éste sería uno de los temas que habría que abordar: establecer los tres niveles y dejar librada a la ley la creación de los municipios. Esto debería ir acompañado por la transferencia de atribuciones y de recursos financieros del gobierno central a los departamentales, y de éstos a los municipios.

Es obvio que esta reforma no puede implicar la creación de nuevos cargos públicos, sino una distribución de los actuales, ya muy numerosos, entre los tres niveles.

De esta manera los vecinos gozarían de la cercanía con la autoridad que atiende sus problemas cotidianos y más inmediatos, y la democracia saldría revitalizada. Y sería volver, casi dos siglos después, a una espléndida (por lo democrática) tradición municipal que legaron los españoles y los portugueses y que en América Latina sólo Uruguay no recogió.

Hasta la próxima.


martes, 20 de febrero de 2007

La hipocresía de algunos y las tonterías nuestras


En su edición de hoy, el diario Folha de San Pablo informa que en el próximo encuentro entre George W. Bush y Lula, el 9 de marzo, el brasileño planteará al "execrable" genocida (Marina Arismendi dixit, y con razón, lástima que se olvide que es ministra del gobierno que invitó al yanqui) un acuerdo bilateral para que Estados Unidos abra su mercado a la producción brasileña de etanol. Brasil espera convertirse en poco tiempo en uno de los mayores fabricantes de biocombustibles del mundo y vender sus saldos exportables al mismo Estados Unidos, Europa y Japón. Para eso está en marcha la creación de una empresa subsidiaria de Petrobras que se encargará de comprar a compañías privadas etanol y biodiesel, para después distribuirlos en los mercados interno y externo.

Además, Lula procurará acuerdos para facilitar el ingreso a Estados Unidos de una amplia gama de productos. Las negociaciones en torno a estos temas están tan adelantadas, que el presidente brasileño volverá a encontrarse con Bush el 31 de marzo en Washington. Dos reuniones en tres semanas. Algo nada usual, por cierto, pero muy significativo respecto a la importancia de lo que se está cocinando.

Esto sugiere un par de reflexiones. La primera, referida a la hipocresía de nuestros socios del Mercosur. A Uruguay se le ponen enormes trabas, o directamente impedimentos, para que pueda conquistar nuevos mercados, pero Brasil y Argentina negocian con cualquiera sin la mínima consulta a los otros miembros del bloque.

La segunda, tiene que ver con nosotros. Mientras discutimos si Bush sí o Bush no, el mundo camina por otros carriles. Cuando nos demos cuenta que un país pequeño como Uruguay no puede darse el lujo de confundir comercio con ideología, todo empezará a andar mejor. Ese lujo se lo pueden dar los grandes con los chicos, como hace Estados Unidos con Cuba. Pero los grandes no confunden comercio con ideología cuando la confusión afecta sus intereses. Eso explica las alianzas privilegiadas de Washingon con países que representan todo lo contrario a lo que Estados Unidos dice defender; por ejemplo, Arabia Saudí, las dictaduras del Cáucaso y el régimen nada democrático de Marruecos. Y también explica por qué Estados Unidos y Venezuela no han roto sus relaciones diplomáticas, a pesar de los insultos de Chávez a Bush. Ocurre que ambos países se necesitan mutuamente.

Puede ser que algún día los uruguayos dejemos de hacer el tonto.

Hasta la próxima.